Va de primeras veces, de pechos y de vergüenzas…

Va de primeras veces, de pechos y de vergüenzas…

Haciendo un post la semana pasada, aquí en la oficina, tuvimos un pequeño debate muy enriquecedor, hablábamos de aquel accesorio que sirve para cubrir al bebé mientras la madre lo amamanta…

Mi primera reacción fue: ¡¡¡Vaya m…rda de cosa, cómo nos engañan!!!

Luego reflexioné, me puse en modo empatía e intenté hacer memoria… Y ¡Sí! Encontré en el último cajoncito de mi cerebro aquel momento, cuando fui madre por primera vez y me daba vergüenza dar el pecho en público. Pero da igual, aunque en ese cajoncito no hubiera estado ese recuerdo… Sería igualmente válido.

Todas las personas del mundo tienen derecho a la adaptación, al cambio, a sentir vergüenza, timidez, alegría o desparpajo, todas.

Cierto es que en muchos casos “es cultural” pero… ¿Y qué que así sea? ¿No está también dentro de la libertad de las mujeres taparse la teta si no quieren mostrarla? ¡Por supuesto que sí!

Voy a dejar culturas al lado y voy a hablar del hecho de las primeras veces, y es que durante la primera vez de muchas cosas puedes pasar muchos apuros y muchas vergüenzas y dar la teta no es menos. Si no, hagamos memoria:

La primera vez que besas a alguien, la primera vez que hablas en público, el primer día en un trabajo nuevo, la primera vez que te desnudas frente a alguien, la primera vez…

Es por esta razón y entre muchas otras, que las visitas hospitalarias a una recién parida no son la mejor idea del mundo, repito, entre muchas otras razones, la madre que acaba de parir, necesita aprender, necesita desnudarse y poner a su bebé encima, sin sábanas, pañuelos, camisetas y cachivaches varios, porque cualquier cosa que no sea teta y piel en esos momentos entorpece, y 8 ojos mirando la gran hazaña y aleccionando son de lo más demoledor.

Recuerdo perfectamente cuando di el pecho en público por primera vez, ahora hace 7 años. Había quedado con un grupo de amigas del foro, todas recién paridas, debíamos ser unas 10 o 12.

Antes de salir de casa enchufé la teta a mi bebé durante horas para que estuviera bien saciado, calculaba unas tres horas de visita y si tenía mucha suerte mi hijo no me pediría teta, pero por si acaso, me puse dos camisetas, y un pañuelo en el cuello.

Como buen recién nacido, mi hijo a la media hora de llegar empezó a pedirme teta.

Nadie me miraba, pero yo solo veía ojos, ojos por todos lados y para que tan enormes ojos no me vieran, me lié con el pañuelo, intentando bajar una de las camisetas sin subir la otra, estaba montando tal espectáculo que los ojos empezaron a volverse reales…

Al final conseguí sacar mi teta y lo más importante, mi hijo, aun con tanta capa consiguió amorrarse y empezar a mamar. Respiré, sudada, con alivio y sensación de victoria, pero al acto esa sensación de victoria se tornó sensación de “no puedo repetir esta escena ni una sola vez más”.

Nunca más en la vida.

A partir de ese momento mi pecho fue de dominio público, aunque vale decir, que sacar un pecho en la calle, con una cabeza de bebé encima es casi sinónimo de pecho tapado con lo cual el drama está descartado.

Está claro que lo importante aquí es respetar el momento de cada una y sobre todo respetarnos a nosotras mismas, nuestras manías, nuestras libertades, nuestras creencias, a nuestra forma de ver la vida, la maternidad y la crianza y ¿sabéis qué es sumamente importante? Que nos respetemos entre similares para lograr normalizar nuestras propias libertades.

Y para vosotras, ¿cómo fue vuestra primera vez?

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Un comentario sobre “Va de primeras veces, de pechos y de vergüenzas…

  1. Recuerdo mi primera vez dando pecho como si fuese ayer y ya hace más de 4 años y medio.
    Fue en neonatos de la Corachan de Barcelona, con cerca de 60 personas mirando a través del cristal… Menos íntimo y cómodo no podía ser, pero pensé que si hacia topless en la playa, ¿por qué no sacar la teta para amamantar a mis bebés?
    Igual que a mí no me importaba estar en la primera fila, delante de toda esa gente, había dos mamis que preferían trasladarse al fondo de la sala, donde quedaban más ocultas, y nadie las juzgamos, al contrario, les facilitábamos el cambio de sitio y a las que nos daba igual nos poníamos delante.
    Cada una tiene sus preferencias y nadie debería meterse.

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