Las dos caras de la lactancia

Las dos caras de la lactancia

 

Es cierto que la vida de la mujer es cíclica, y que cuando llegamos a la maternidad todos esos ciclos y círculos se vuelven más presentes.

 

Realmente en los últimos años hemos avanzado muchísimo a nivel cultural y social con la lactancia materna. Gracias a grandes profesionales y sobre todo a las mujeres que han comenzado a romper mitos y normas sociales, la lactancia poco a poco se va normalizando, pero también ha llegado un punto en que surgen nuevos tabúes.

 

Ha llegado un momento en el que hablar de las sombras de la maternidad parece que está mal visto. Entre las crisis económicas y que la maternidad cada vez es más tardía, la poca conciliación que sufrimos las mujeres y la presión por ser superwoman, hace que noo podamos quejarnos.

 

Parece que si hablamos de momentos oscuros, de dolor, de tristeza o de añoranza, estemos cargando en contra de la maternidad, parece que capemos el deseo de las que se están planteando ser madres, o que nosotras mismas seamos unas amargadas porque no sabemos gozar de “algo tan maravilloso”.

 

Pero mi opinión más sincera es que no hay sombra sin hay luz, y que a veces, la necesidad de una cueva para resguardarse es vital.

Con esto, me gustaría expresar que sentir miedo, rechazo, dolor, tristeza, pesadez o angustia, y verbalizarlo, no significa que no sintamos también: gloria, alegría, deseo, pasión, euforia, gratitud y amor infinito.

 

La lactancia es maravillosa, es un momento vital espectacular, es una etapa donde el instinto renace, donde nos sentimos libres y mamíferas, donde la metamorfosis de nuestro cuerpo brilla con luz propia… Son momentos de entrega absoluta, de expresión con el cuerpo y la mirada, oportunidades de relación impagables, instantes tan intensos… que a veces duelen.

 

Durante la lactancia, en una era donde nos han educado para ser supermujeres, donde no hay apoyo general, donde el resumen de la respuesta es “chica, tú te lo has buscado”, donde parece que seas mejor si lo consigues sola, donde la mirada apunta sin piedad, donde cada acto es juzgado, es completamente habitual tener sentimientos ambivalentes; es habitual que un principio de lactancia sea una tortura, es habitual sentir que nunca volverás a ser la misma y que eso te produzca vértigo, y todo eso es habitual porque estamos absolutamente faltas de referentes, faltas de apoyo, y faltas de información, pues nos hemos criado en una sociedad patriarcal donde maternar estaba castigado en forma de represión.

 

Nos hacemos un flaco favor las unas a las otras si solo contamos el lado rosa de las cosas.

Si nos tapamos los oídos cuando escuchamos el lado gris, y no, no se trata de agonías, ni de llorar por los rincones… se trata de alzar la voz y llorar a moco tendido si nos apetece. Se trata de contarle a nuestra amiga nuestra experiencia real, la rosa, la de purpurina y la gris, marrón y parduzca. Se trata de contarle que maternar no viene en un chip integrado en cada mujer, que el instinto hace que lo demos todo, sí, pero a la vez debemos aprender muchísimas cosas, a nivel de técnica, logística, adaptación y ajuste para ganar experiencia y seguridad.

La maternidad hace que nos sintamos inmensas y a la vez minúsculas, hace que, a veces, el simple hecho de darnos una ducha se pueda convertir en la cuesta más agotadora y que una siesta de 20 minutos se recoja como el bien más preciado. Y también se trata de  hablarle de recursos, de cosas que a ti te fueron de maravilla, de personas que conociste en el camino, de lo reconfortante que es la mirada de la empatía y de que, poco a poco, los muros parecen cada vez más bajos y los días se vuelven más claros a cada paso. Entonces llega el segundo… Había empezado diciendo que todo es cíclico, ¿verdad?

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2 comentarios sobre “Las dos caras de la lactancia

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