Libre como mujer, libre como madre

Libre como mujer, libre como madre

Cuando fui madre por primera vez, sobre todo los primeros meses, tenía la sensación de nadar en un mar extraño. Seguía la inercia de todo lo que me contaban, aceptaba y asumía lo que era “normal” para las/os demás, y seguía el río entre sentimientos y emociones agridulces…

 

Cuando mi bebé tenía 8-10 meses, recuerdo tener como un despertar. Un despertar extraño, una explosión de “hasta aquí”. Como un límite que mi mente, mi cuerpo y mis emociones quisieron poner al mundo. Mi primer no. Un “no, así no”.

 

Fué una revelación, una revolución, me hizo sentir bien y poderosa, recuerdo que todas mis cargas perdieron al menos 100 kgs, me sentía ligera, me empecé a sentir LIBRE.

 

Libre como mujer y libre como madre.

 

A partir de ese instante, con la adrenalina y el subidón de haber logrado mi primer NO, empecé a tejer banderas, empecé a pronunciar noes y más noes. Recuerdo que el día de la madre era otro NO. Otro, “es una manipulación”, otro “todos los días son el día de la madre”.

 

Tuve a mi segunda hija y puse en práctica desde el primer minuto todo lo que había aprendido, y contenta y satisfecha pude ver cómo todo encajaba desde el primer instante. Había crecido como mujer, había crecido como madre y creí que mis mil banderas eran las responsables.

 

Pasaron los meses y quedé embarazada de mi tercer hijo. Llevaba tanto tiempo diciendo que no y rebelándome contra todo aquello que me producía cualquier sensación que no fuera 100% positiva que me di cuenta de que estaba todo el día enfadada. Aquel sol que me iluminó con mi primer no, se había vuelto sombra.

 

Mi tercera maternidad es lo más difícil por lo que nunca había (he) pasado.

Mi tercera maternidad, me bajó a la tierra, me pegó un par de hostias y me miró sincera y sin reparos a los ojos. Fija y directamente me zarandeó, sin ningún tipo de piedad y puso mi corazón a máximas revoluciones hasta que sentí que se me paraba.

 

Recuerdo perfectamente el día en que todo se desmoronó a mi alrededor. No sabía quién era, ni qué quería, ni cómo lo haría. Madre de tres hijos pequeños y con las emociones hechas trizas, renací. Renací como mujer y como madre, me sentía y me siento madura.

 

Otra etapa donde ya no hay embarazos, ni partos, ni lactancias… Otra etapa en la que el más peque de la casa va a cumplir 4 años. Otra etapa en la que me siento madura, tranquila y sosegada, en la que siento que todo lo que abanderé ayer, se conserva más puro que nunca hoy, pero que no quiero gritarlo, sino bajarlo y trabajar en ello… Lo que quiero ahora es sentarme con mis amigas mujeres, mis amigas madres, con una copa de vino en mano y hablar de todo ello. Sin tabúes, sin miedos, pero también sin gritos, sin rabia y sin sombras.

 

Hoy es el día de una etapa donde me apetece celebrar el día de la madre. Donde no me apetece gritar que todos los días son los días de la madres, porque ya lo sé, no me hace falta cagarme en todo, lo que me hace falta es que nos miremos, que nos abracemos y que brindemos, por ser tan valientes, luchadoras, por ser tan autónomas, tan capaces y tan libres.

 

Brindo por ello.

 

Feliz día de la madre.

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