Enfoque osteopático de la influencia del parto y nacimiento en el recién nacido

Enfoque osteopático de la influencia del parto y nacimiento en el recién nacido

Desde que el homo sapiens inició la bipedestación la pelvis tuvo que hacer grandes adaptaciones que provocaron un canal del parto más largo, con más curvatura y más estrecho. Las modificaciones en la pelvis y el aumento de la masa encefálica de sus crías hacen que el parto y el nacimiento del ser humano sean de los más complejos en el reino de los mamíferos. Sin embargo, desde nuestros orígenes, la mujer ha sido capaz de dar a luz a sus crías, amamantarlas  y criarlas sin recibir ningún tipo de intervención para que tenga lugar.

El simple hecho de nacer supone un estrés para el recién nacido, un estrés bueno y necesario para un bebé “inmaduro” que va a tener que adaptarse a la vida extrauterina. En un parto normal el útero materno va a provocar unas contracciones con una fuerza y ritmo específicas para su bebé y de este modo se van a poner en marcha los mecanismos fisiológicos de alerta para la vida fuera del útero. Cada parto es único, pues cada mujer y cada bebé necesitan unas condiciones y un tiempo determinados para que se produzca esta “sincronía madre-bebé”, y de este modo el parto tenga lugar de forma fisiológica.

Desde hace unas décadas, la medicalización del parto y del nacimiento ha modificado el curso de los acontecimientos normales. Cuando un parto es inducido no solo se decide el momento en el que el bebé va a nacer, sino que las contracciones uterinas son provocadas de forma artificial. Esto significa que el bebé va a sufrir un estrés no acorde con su ritmo y no va a disponer del suficiente tiempo para nacer de forma fisiológica. Lo mismo ocurre con la rotura artificial de membranas, que supone un pistoletazo de salida inesperado, haciendo que en muchas ocasiones el bebé no se coloque adecuadamente en la pelvis y se altere el latido cardíaco fetal. Por otro lado las contracciones artificiales hacen que la mujer necesite la analgesia epidural, lo que supone un suma y sigue en la cascada de intervención.

La inmovilidad de la mujer, las contracciones artificiales, la rotura artificial de bolsa amniótica y los pujos dirigidos son algunos de los factores que pueden acabar produciendo un sufrimiento fetal y/o el agotamiento materno, finalizando así en un parto instrumental (vacuum, fórceps) o en una cesárea. El cráneo del bebé cuando nace aún no está osificado. Esto es una ventaja para moldearse y pasar por el canal del parto, pero en ocasiones este moldeado según como haya sido el descenso y salida a través de la pelvis  materna supone la causa de algunos problemas funcionales del bebé lactante. En caso del que bebé nazca mediante cesárea no se producirá ni el moldeado de la cabeza ni el estímulo de extensión de la cabeza fetal, con los déficits que esto conlleva. 

Cuando no se respeta el tiempo fisiológico para que la sincronía madre-bebé tenga lugar, cuando las fuerzas de compresión han sido muy fuertes, cuando la cabeza fetal ha estado mal posicionada en la pelvis, o ha recibido una ventosa o fórceps para nacer, se provoca la irritación de ciertas estructuras del sistema nervioso del bebé y entonces  empiezan los problemas. Los síntomas más frecuentes que presentan los bebés al nacer y que la osteopatía materno-infantil ayuda a dar solución son: irritabilidad, reflujo, dificultad de expulsar gases, tensión mandibular y apertura insuficiente de la boca para mamar, asimetrías faciales y craneales, cólico del lactante, obstrucción del lagrimal, ronquidos, alteraciones respiratorias y ORL etc.

El tratamiento osteopático consigue mejorar muchas de las dificultades que presenta el bebé al nacer. Una de las áreas más importantes donde desarrollo mi trabajo es en las dificultades del inicio e instauración de la lactancia materna. La succión masticatoria, el movimiento insuficiente de la mandíbula, la rigidez general del bebé, la fatiga y pausas al mamar, el vaciado ineficaz del pecho, etc. son algunos de los signos del bebé en los primeros días de vida. Mediante la osteopatía actuamos mejorando la movilidad de la mandíbula, base del cráneo, cara y cuello, y en muchas ocasiones se puede evitar el corte del frenillo sublingual.

Por último no deberíamos olvidar que los acontecimientos ocurridos durante la gestación también son de vital importancia ya que es nuestro periodo de formación y todo lo ocurrido en él va a dejar una “huella” en nuestros tejidos. Hay evidencia de que el estrés materno y ciertas fuerzas compresivas pueden influir en la formación y crecimiento del tejido conjuntivo fetal, así como en su ciclo circadiano (día/noche).

Como conclusión final, me gustaría remarcar que las intervenciones ginecológicas y obstétricas suponen un enorme avance en algunas complicaciones específicas en el proceso del nacimiento. Durante muchos años he trabajado con excelentes profesionales con un gran sentido ético y clínico. No obstante debemos pensar que normalizar el intervencionismo injustificado en el parto, tiene consecuencias para el recién nacido y la madre. Consecuencias que a día de hoy no sabemos el alcance que tendrán en nuestra evolución como especie.

La osteopatía, una disciplina manual basada en una filosofía de salud donde la estructura y función del cuerpo están íntimamente relacionados,  ayuda al bebé a solventar muchos de los problemas funcionales que son derivados de estos primeros momentos de vida, permitiéndole que todos sus sistemas funcionen en armonía.

Marta Ibarra – Osteópata – Matrona N. Col 0853775

Tel. +34 687 651 075

Este artículo es una reflexión basada en el conocimiento de mis dos profesiones, soy matrona y osteópata. Con más de 10 años de experiencia en asistencia de partos, actualmente me dedico a lo que yo denomino “osteopatía materno-infantil”. Ayudo a mujeres y bebés que necesitan resolver ciertos problemas funcionales, siempre desde el conocimiento anatómico, fisiológico y científico.

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