Te quiero a demanda


Te quiero a demanda,

Sí, soy así de feliz. Te quiero tanto como me deja el cuerpo y dejo que me quieras tanto como te deja el tuyo…

Te beso a demanda, más a la mía que a la tuya, cierto es, pero te beso… te beso cuando te miro, cuando llego, y cuando me voy. Te beso cuando jugamos, cuando hablamos, cuando reímos y también cuando lloramos. Y cuando no lo siento, sencillamente no te beso.

Como a demanda, sí… y parece que creo desazón cuando digo “a demanda”, pero es que ¡así es! Me levanto y como. A media mañana, depende del día, siempre a una hora distinta también almuerzo, y ¿la comida? un día a la una, otro día a las tres, depende… Meriendo, pico algo y también ceno… no, a veces no ceno… otros días me despejo en mitad de la noche y me tomo un vaso de leche, calentito y a la cama me vuelvo feliz, saciada y a gustito.

Voy al baño ¡a demanda también! Ya sé que dicen que en la regularidad está el truco para prevenir el estreñimiento, pero mira, la vida es como es, y yo si tengo que ir al baño, pues voy, llámame anárquica, llámame permisiva…

Me río a demanda. Sí, cuando algo me hace gracia, río a carcajada limpia, otras veces, también a demanda de la situación, me reprimo un poco más y me contengo, por eso del respeto, ya me entendéis, que aunque a demanda cubra mis necesidades básicas, necesidad básica también es para mí, la educación y el respeto.

Bebo cuando tengo sed. Sí, cuando siento mi garganta seca no hay nada más maravilloso que tragar líquido, tanto como me apetece, las veces que sea necesario. Es tan placentero y necesario, que cuando tengo sed y no hay agua cerca, me entra ansiedad…

Duermo a demanda… bueno, no, miento como una cosaca. Duermo cuando me dejan, pero si fuera por mí, ahora mismo estaría echándome una cabezadita… ¡maldita sociedad y ritmo mundial!

¡Uy! y no nos olvidemos, ¿sabéis qué hago también a demanda? Sentaos que os puede dar un síncope: respiro a demanda. Inspiro aire justo cuando lo necesito, y lo suelto de la misma manera. A veces automatizo, cierto es, pero cuando me enfado, o estoy nerviosa cojo un poco más de aire de bote común y lo respiro… os aseguro que funciona.

Un día tuve un bebé, y decidí que tanto derecho tenía él a cubrir sus necesidades vitales (y no tan vitales) a demanda como yo.

Entendí que dependía 100% de ayuda externa para hacerlo y yo era sus manos, sus piernas, su puente para hacerlo todo, su traductora… Un trabajo agotador pensé… por suerte la naturaleza me dotó de muchos recursos, entre ellos un cerebro, un instinto y un par de tetas que cedí a mi criatura a su demanda y a la mía, hasta que pudo usar sus recursos propios. No siempre fue fácil encontrar el equilibrio entre su demanda y la mía, he aquí uno de los grandes quids de la maternidad, el decidir cuándo sí, cuándo no y cuándo quizás, pero poco a poco, con el tiempo, consciencia y respeto mútuo, lo conseguimos…

¡No nos fue tan mal! Tan bien nos fue, que luego tuve otro bebé, y luego otro y más que tendría os lo puedo asegurar. Hoy en día son dos niños y una niña que, igual que yo, ojo al dato:

Quieren,

besan,

comen,

van al baño,

se ríen,

duermen,

beben,

y respiran, a demanda.

Así que sí, sigo usando el reloj, porque con tanto hijo, tanta demanda suya, mía y de la sociedad a veces pierdo la noción del tiempo y me va muy bien situarme en la línea temporal y no perder el mundo de vista, y por qué no decirlo, tengo un montón de relojes preciosos que me compré antes de ser madre y me encanta lucirlos 😉

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3 Respuestas

  1. Patricia dice:

    Me encanta este articulo, y me encanta la autora. Tiene algun otro bolg o solo escribe en LactApp??

  2. Alex dice:

    Cris Moe es maretameva!
    Una crack!

  1. 25 abril, 2017

    […] Solo el quinto podía traer consigo un récord como este. Y solo el quinto podía conseguir que me importe un pepino que sea así. Y que lo disfrute como a ningún otro, y me ría de todo lo demás. Y dejar que me quiera. A demanda. […]

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