“Mi primer contacto con la lactancia materna no fue bueno”

“Mi primer contacto con la lactancia materna no fue bueno”

Gracias Esther por este testimonio tan sincero, ha sido y es un placer leerlo, seguro que será de muchísima utilidad, la empatía es un bien muy preciado:

Cuando me quedé embarazada el tema de la lactancia fue algo que realmente me empezó a preocupar.

Trabajé como auxiliar de enfermería en una clínica en maternidad y lo que viví allí, con 21 años, no me pareció que fuera una experiencia bonita. No podía entender lo que leía en blogs “es una experiencia única, un sentimiento con el bebé inexplicable, de comunicación no verbal, complicidad… “. No estaba de acuerdo.

Recordaba esas madres desesperadas porque los bebés no se enganchaban, esas tetas duras como piedras a causa de la subida de leche y esas noches en vela con los niños llorando porque tenían hambre y no se saciaban. Nada apetecible.

Después de 10 años, tuve 9 meses para poder pensar si quería ser yo esa madre o dar biberón.

Hasta 2 días antes de ponerme de parto no puse la cruz en “lactancia materna” del plan de parto. Incluso compré una lata de leche y biberón por lo que pudiera pasar.

Después de una cesárea urgente y pasar 2 horas en la sala de reanimación separada de mi bebé, no tenía dudas. Cuando la enfermera me preguntó si le daban un biberón o esperaban a subiera para empezar con la lactancia tenía claro que quería empezar. Se me olvidaron aquellas tetas duras y esas lágrimas que vi de desesperación. Quería alimentar a mi bebé. Apareció en mí un instinto animal, la mamá que quiere cuidar de su cría.

El primer contacto con la lactancia materna no fue bueno. Una enfermera con el niño, otra cogiendo la teta y diciéndome cómo me tenía que colocar, yo sin poder moverme y un niño llorando con hambre… Me dicen que no tengo pezón y me dieron una pezonera y ahí que se enganchó. La verdad es que la etapa hospital la tengo un poco borrada,… Le di un biberón porque me agobiaba el hecho de que tuviera hambre porque no paraba de llorar y al pedir otro la enfermera me apoyó bastante y me ayudó a tener paciencia y seguir con la lactancia materna, darle la leche artificial con jeringa y mi dedo para que no perdiera el reflejo de succión y sobre todo no dejar de enganchármelo. La última noche que estuve ingresada me empezó a salir leche, ya empezaba la subida y yo contenta.

Llegas a casa cansada, dolorida, sueño y todo son dudas. ¿Cuánto rato dejo que chupe de cada teta? ¿Cómo sé si ha vaciado? ¿Qué teta fue la última que le di de comer?

Por suerte la enfermera de pediatría me ayudó bastante y me iba resolviendo las dudas y las que no, pues poco a poco todo iba fluyendo. Al 7º día, la enfermera de pediatría me quitó la pezonera. La diferencia del enganche fue maravilloso, pero aparecieron las grietas y un dolor cuando chupaba que no podía aguantar. Me acordaba de las clases preparto “la lactancia materna no tiene que doler, si duele es q no está bien enganchado”. Pues algo hacía mal porque me dolía a rabiar, y rabiaba pero aguantaba.

Los primeros 15 días los recuerdo duros, no entendía que tuviera que hacer tomas de 1 hora, se dormía en la teta y cuando lo quería poner en la maravillosa hamaca que le habíamos comprado lloraba, solo quería teta. Teta para comer, teta para dormir, teta para calmarse, teta para jugar… No lo entendía. Los niños comen y duermen, ¿no? Pues el mío comía y dormía, pero con la teta. Me costó entender esa dependencia que tenía, o no sé si era dependencia pero me costó entenderlo.

Llegó un día, y no recuerdo qué fue lo que hizo que cambiara de opinión, que empecé a disfrutar de esa dependencia que mi hijo tenía hacia a mí. “Este niño siempre que venimos está comiendo”, “Ahora no come, deja que lo cojamos” y así todas las tardes. Y sí, me tiraba en el sofá desde las 17h hasta las 21h perfectamente con el niño en la teta. Comía, dormía, volvía a comer y simplemente se quedaba tranquilo conmigo. Y me gustaba esa sensación viendo cómo comía, dormía y jugaba en la teta.

Las noches eran muy largas, tomas de 1h en las que yo estaba deseando que se soltara para meterlo en la cuna y poder dormir, pero no era así. Así que descubrir dar la teta tumbada y dormir mientras el niño come, o no, es maravilloso. La primera noche que lo metí en la cama y pudimos dormir aún la recuerdo como si la hubiese vivido ayer. El colecho ayuda mucho para la lactancia materna.

Hice 4 meses de lactancia exclusiva, hasta que me incorporé a trabajar. Fue ahí también cuando decidí suprimir las tomas de media noche. No podía estar toda la noche a demanda. Fui egoísta y le negué la teta por la noche cuando me llamaba y me buscaba como un loco para consolarse. Lo pasé mal, sabía que si le daba teta, se calmaba. Me sentí mal por negarle algo que le hacía sentir bien pero no podía aguantar estar toda la noche en vela y al día siguiente trabajar. Hubo una noche que se despertó, le cogí y se acurrucó conmigo, oliéndome y nada más. Lo habíamos superado.

Cuando empecé con la alimentación complementaria seguí dándole teta cuando llegaba de trabajar, Comiendo cada día con el niño enganchado, sin soltarse ni un momento… tenía momentos en los que pensaba ¿esto hasta cuándo dura? No es normal que tenga que comer con el niño enganchado, pero por otra parte, lo necesitaba. Después de trabajar, llegar a casa y notar cómo se relajaba conmigo me hacía sentir bien, muy bien.

Progresivamente fueron desapareciendo las tomas de día. Solo utilizaba la teta para dormir. Dormir siesta, lo cual a mí me iba genial porque también aprovechaba para tener mi momento de relax, y dormir por la noche. Y pensaba: cuándo yo no esté, ¿cómo va a dormir? ¿Siempre va a necesitar la teta para dormir? Ahora puedo decir que no, y lo echo de menos.

Y le salieron dientes… y me mordió. Era insoportable que se enganchara y con la herida que tenía. Pedí consejo y estuve una semana solo dando de una teta y la otra me hacía extracciones manuales. No quería acabar con la lactancia materna cuando solo tenía 12 meses. Quería seguir.

He sentido momentos tan contadictorios, como no querer dar simplemente por necesitar descansar y, a la vez, buscar esos momentos de conexión que nos hacían sentir tan bien.

Después de 18 meses llegó el destete y fue voluntario por su parte. Estuvo 3 días sin pedir teta, hicimos un viaje y creo que el salir de nuestra rutina lo mantuvo distraído. Cuando llegamos a casa llegó el momento relax y buscó la teta, pero después de 3 días sin tomar decidí que se terminó. Nuestra etapa de lactancia materna había terminado. No fue difícil y para nada se lo tomaba mal cuando le decía que no, le distraía con otra cosa y listo. No me hubiera imaginado que me iba a ser tan fácil, él solo sin buscar durante el día y durmiendo solo sintiendo mi olor, sin necesidad de engancharse a la teta. Me sentí mal, mi bebé ya no quería teta, ya no necesitaba de mí de esa manera, se habían acabado esos momentos mágicos que compartíamos.

Es una pena que algo tan bonito tenga que ser tan duro al principio.

Me alegro de haber decidido alimentar a mi bebé con lactancia materna, porque cada grieta, cada llanto, cada subida de leche dolorosa ha valido la pena de hacer sentir sentimientos inexplicables.

Es una experiencia única y si tengo otro bebé no tendré ninguna duda en decir que alimentaré con lactancia materna.

Esther.


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