Piel con piel

Piel con piel

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El bebé nace totalmente indefenso. Necesita a su madre para sobrevivir: su alimento, sus brazos, su cuerpo, su temperatura, su sonido, su presencia… Cuando el bebé está sobre el cuerpo de su madre, se siente seguro, sabe que está a salvo y puede relajarse. Hoy hablamos de ese contacto piel con piel, que hasta suena como un tratamiento médico y que en realidad es lo que la humanidad viene reproduciendo durante toda su existencia, porque forma parte de nuestra supervivencia como especie.

¿Qué es el Método Madre Canguro?

El contacto piel-piel se estableció de manera rutinaria como una modalidad de cuidados de los bebés prematuros en el año 1979, en el Hospital San Juan de Dios de Bogotá. Se basaba en el llamado «Método de la Madre Canguro», que consistía en colocar al recién nacido piel con piel con su madre si era posible las 24 horas del día.

Esta “pequeña” decisión demostró tener múltiples ventajas respecto a las rutinas tradicionales de mantener al bebé en la incubadora, y los resultados así lo demostraron reflejando el aumento de la supervivencia de los bebés y la disminución de la morbilidad.

Y es que hemos tenido que esperar a que la evidencia científica nos diga que lo mejor para un bebé es su madre y el contacto inmediato con su cuerpo después del nacimiento. Los bebés sanos nacidos a término siguen siendo criaturas inmaduras que necesitan las atenciones de un adulto para salir adelante.

Todos sus sentidos dirigidos a mamar:

Cuando un bebé nace, lo hace dispuesto para mamar. Es vital que lo consiga porque biológicamente de ello depende su supervivencia. Así pues nacen con todos los sentidos alerta:

El olfato: les permite distinguir y diferenciar el olor de su madre y este olor lo prefieren a cualquier otro. Esta capacidad es especialmente potente y sensible en las primeras horas de vida.

El gusto: el bebé es capaz de reconocer el sabor del calostro de su madre, que tiene el mismo sabor que el líquido amniótico. Lo prefiere a cualquier otro sabor; ya sea de otra leche materna o artificial.

La vista: es el sentido más limitado en el momento del nacimiento, pero es capaz de reconocer las caras e incluso de reproducir expresiones faciales. Observa con más facilidad los colores oscuros, por esa razón se cree que la areola se oscurece, para que tengan muy claro donde está la comida.

El oído: es capaz de reconocer la voz de su madre y la prefiere a otro sonido o música. De hecho, si el bebé se sitúa entre dos personas y las dos personas le hablan y le llaman a la vez, el bebé girará su cabeza hacia la voz de su madre.

El tacto: el bebé responde a las sensaciones táctiles, tanto de dolor, el placer y también responde a la temperatura del cuerpo de su madre. 

Cuando el bebé nace, necesita muy pocos elementos para sobrevivir: calor, amor, alimento e interacción social. Todo ello se aglutina en el cuerpo y las atenciones de su madre.

 

El primer contacto: piel con piel

Todos los mamíferos presentan una secuencia de comportamientos y acciones dirigidos a iniciar y mantener la lactancia y los cachorros humanos no podían ser menos. Durante el parto se produce una descarga de noradrenalina que activa al bebé. Esta descarga lo mantiene activo durante 2 horas, se establece el  llamado “periodo sensitivo”. Los recién nacidos a término sanos se prenden espontáneamente al pezón y comienzan a mamar aproximadamente 55-70 minutos después del nacimiento.

Podemos observar en ellos la siguiente pauta de manera inmediata tras el parto:

  • Una vez colocado sobre el vientre de su madre, entra en un estado de alerta tranquila, caracterizado por la atención y concentración.
  • Empieza a succionarse las manos y el sabor del líquido amniótico que tiene impregado en ellas le recuerdan lo que tiene que buscar. Su olfato le ayuda a localizar el calostro que huele exactamente igual.
  • Empieza a arrastrarse/gatear: impulsado por su ganas de llegar al pecho, se ponen a realizar movimientos similares a los del gateo, impulsándose con sus piernas.
  • Elevación de la cabeza: elevan la cabeza, y cabecean como un pájaro carpintero buscando el pezón.
  • Lloran: se puede inquietar un poco a mitad de camino, y se pueden mostrar inquieto y cansado.
  • Se relamen: saca la lengua y va produciendo saliva que pone en marcha las hormonas gástricas.
  • Estimulación del reflejo de búsqueda: al llegar al pecho y tocar el pezón con la mejilla, abre la boca para intentar agarrarlo.
  • Encuentro con el pezón: finalmente, encuentra el pezón y se produce el agarre.
  • Inicio de la succión: el bebé empieza a succionar inmediatamente.
  • Contacto visual con la madre: mientras succiona buscará su mirada.

El contacto piel con piel con su madre supone una continuidad del bienestar del que disfrutaba dentro del útero materno: un ambiente térmicamente estable, con alimentación continua donde podía escuchar su oyendo voz y sentía su corazón.

Los recién nacidos colocados inmediatamente sobre el pecho de su madre y a los que se les permitió realizar los movimientos de búsqueda y tomar el pecho por sí mismos, tienen más probabilidades de conseguir una lactancia exitosa. La mayoría de rutinas se pueden realizar encima del cuerpo de la madre y, lo que no, se puede posponer unas horas.

Por todo lo que sabemos, este primer contacto es tan importante que vale la pena posponer todas las rutinas posparto como lavado del pecho, del niño, pesarlo, etc., para dejar establecer este sellado madre-hijo. Nada que no sea de vida o muerte es tan importante.

 

¡Que no os separen!

Contacto piel con piel con recién nacido a término

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