Mi niño no me duerme

Pajarin cumple 18 meses, y un año y medio después, lo de dormir una noche entera sin despertares parece una utopía.

Además, dormirle puede hacerse eterno muchas veces. Un cuento, dos cuentos, repetir el primero tres veces más… Pensar en veinte canciones porque niega con la cabeza cada vez que empiezas una para que pases a la siguiente del repertorio.


Papá Oso lo tiene claro; antes de dormirle se ducha y cena, porque lo habitual es que se quede dormido antes que él.

Seguro que esto que estoy contando os suena, ¿verdad? Si desconoces de lo que hablo, tu/s hijx/s duermen las noches enteras y “caen” con un cuento, por favor, valora tu gran suerte.

Pues bien, viendo nuestro panorama con el sueño y siendo consciente de que la mayoría de madres y padres que conozco suelen comentar episodios similares, me pareció muy interesante integrar en mi formación para el acompañamiento a familias, el curso de Terra Mater “La neurociencia del sueño infantil y sus implicaciones prácticas” con María Berrozpe (¡Dulces sueños!) y Rafaela López (dormirsinllorar.com) como profesoras principales y colaboradores como Nils Bergman (Método Canguro) y Jose María Paricio (e-lactancia.org) entre otros.

Al iniciar el curso partía de la consciencia de que el sueño infantil evoluciona, y que no es un problema del niñx, sino más bien del adulto. Lo de no dormir como lo hacíamos antes de ser padres no nos gusta nada, y mucho menos si nadie nos había contado que esto iba a ser así.

Bienvenidos, bienvenidas, a la gran aventura de ser padres. Cuanto antes lo integréis, más fácil resultará para todos. Tu/s hijx/s no duerme/n como lo hacemos los adultos, y eso es bueno, de verdad, es la evolución natural y saludable del sueño.

Me parece fundamental informarse (e incluso formarse) en temas relacionados con la infancia, con los bebés; ya que, aunque es verdad que el instinto maternal y paternal nos impulsa muchas veces a actuar de determinada forma, contar con determinados conocimientos y comprender cómo es un niño, cómo evoluciona, cuáles son sus necesidades y por qué se comporta de una forma u otra, ayuda mucho en la crianza. Saber que mi hijo, con 18 meses, continúe despertándose por la noche es algo normal, me tranquiliza y me permite acompañarle mejor en este proceso.

El sueño es fundamental, tanto, que un tercio de nuestra vida lo pasamos durmiendo y es imprescindible para la restauración y recuperación del organismo, así como para la consolidación de la memoria y el aprendizaje. Su funcionamiento es muy complejo y en él intervienen diversos sistemas, subsistemas, hormonas, neurotransmisores, y un largo y muy complicado etcétera.

Creo que es determinante comprender que nuestra arquitectura del sueño se desarrolló hace unos 2 millones de años, momento en el que dormíamos en el suelo, expuestos al peligro constante de los depredadores que habitaban la zona. Dormir en tribu nos protegía y por supuesto los bebés permanecían pegados a sus madres permanentemente. ¿Os imagináis con este panorama a vuestro bebé durmiendo en la cueva de al lado “porque tiene que aprender a dormir solo”? Más de un lobo se habría relamido solo de pensarlo. Pues esta es la naturaleza de nuestra especie. Nuestros hijxs cuando nacen no saben que estamos en el siglo XXI, que su urbanización tiene alarma de seguridad y que no hay leones rondando por la zona. Por ello, una de sus necesidades principales, tan importante como el alimento, es el contacto. Estar cerca de mamá significa que estoy protegido, y que si hay algún peligro ella echará a correr conmigo en brazos, así que puedo dormir tranquilo. El sueño del bebé en solitario es una imposición cultural reciente (200 años) incompatible con la naturaleza del ser humano.

La evolución del sueño comienza en el embarazo. El bebé prenatal tiene unas fases del sueño diferentes a las de su madre, algo que habréis notado porque justo cuando os acostabais él/ella empezaba la fiesta.

Esta evolución refleja la maduración del sistema nervioso y cada etapa de la vida requiere un sueño diferente según las distintas necesidades y características. El número de horas de sueño diarias se reducen de una media de 14 horas en el recién nacido a 8 horas en el adulto, y será aproximadamente a los 6 años cuando el sueño adquiera la arquitectura (fases) del sueño adulto (lo que no quiere decir que no se vayan a despertar para pedir agua o porque han tenido una pesadilla).

Por último, recomendaros un par de libros por si queréis ampliar información sobre el sueño infantil desde una perspectiva respetuosa hacia el niño y su naturaleza y con una sólida base científica:

“¡Dulces sueños!” de María Berrozpe (mi profe). Tengo pendiente leerlo, pero con todo lo que estoy aprendiendo en el curso, estoy 100% segura de que aporta información muy necesaria e interesante.

“Dormir sin lágrimas” de Rosa Jové. Muy práctico y con información concisa sobre la evolución del sueño.


Raquel Oviedo, “Mamá Hipogalactika”

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Soy Raquel, inconformista, soñadora y una versión mejorada de mi misma desde que me convertí en madre.

Mis problemas con la lactancia y un postparto complicado me llevaron a crear un blog y un perfil en redes sociales donde compartir mis vivencias y acompañar y sentirme acompañada por otras madres en el camino de la maternidad y la crianza.

Actualmente estoy en pleno proceso de formación para encauzar mi vida profesional hacia aquello que me apasiona: el acompañamiento a familias en temas como lactancia, porteo y sueño entre otros.

Pajarin (mi hijo) es mi gran maestro y el principal culpable de mi “gran revolución”. Una nueva forma de mirar el mundo, vivir la intensidad del hoy que no vuelve, bajar el ritmo, y ante todo, disfrutar.


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2 Respuestas

  1. Lorena dice:

    Gracias por este post y por la recomendación de libros! He tenido la suerte de ser una bebe que durmió con sus padres hasta que dicidi irme a mi cama con unos cuatro años de manera respetuosa y sin presiones…. y que importante es que la familia sienta e identifique las necesidades del bebé en cuanto a sueño se refiere. Gracias!

  2. Muy interesante. Yo tengo claro el tema y, la verdad, eso ayuda mucho a la hora de soportar las malas noches.

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