¿Y si me leche es de mala calidad?

 

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Cuando el bebé no aumenta de peso de manera adecuada o no se sacia nunca por mucha teta que le demos, un miedo planea sobre las madres: ¿Mi leche será de calidad? ¿Le faltará algún nutriente?

Estamos muy acostumbrados a valorar la calidad de los alimentos que compramos. De hecho, la publicidad hace hincapié en este detalle y nos recuerda que es muy importante a la hora de seleccionar un producto tener en cuenta que existen “calidades” y “calidades”. Cada marca va a reforzar la idea de que su producto es el de mayor calidad. Por qué al fin y al cabo todos queremos tener el mejor producto, ¿no?

La duda es si existen diferentes calidades en la leche materna. Seguro que habéis oído decir que hay leches que parecen mantequilla o que hay leches delgadas o aguadas.

 

¿Qué hay de cierto en esto?

Pues la verdad es que poco, se trata de un mito. La ciencia ha demostrado que no existen leches de mayor calidad que otras o leches a las que les falte algo. Tampoco la dieta de la madre tiene demasiado peso en la composición de la leche materna, las variaciones relacionadas con la alimentación de la madre son ridículas.

 

¿Y por qué se dice entonces que hay leches de mala calidad?

Cuando un bebé no gana peso o no se suelta del pecho lo primero que se tiende a pensar es que a la leche le pasa algo. En realidad, la mayoría de ocasiones en las que algo no funciona del todo bien lo más probable es que el bebé no esté bien agarrado al pecho, tenga alguna dificultad de succión o la técnica aplicada por la madre no sea del todo correcta. Además, la leche materna tiene un aspecto muy diferente a la leche de vaca. Estamos acostumbrados a ver la leche de vaca que compramos en el supermercado que está homogeneizada —se ha sometido a un proceso que la convierte en homogénea y tiene toda el mismo aspecto—. Por contra, la leche materna extraída presenta un aspecto muy diferente a la leche de vaca. Si se deja reposar y al no haber estado manipulada, presenta capas más o menos densas y normalmente la capa más densa pero más pequeña es la de grasa que hay en la parte superior, mientras que la parte inferior es aparentemente muy liviana. Esto es lo que puede hacer pensar que la leche es poco consistente.

 

No todas tenemos leche suficiente…

Hace poco publicamos un artículo en nuestro blog hablando de hipogalactia o baja producción de leche. Así como se ha demostrado que la calidad de la leche es siempre óptima, lo que sí puede pasar es que no sea suficiente, ya sea por lo que comentábamos antes de un mal agarre o técnica de lactancia, o también porque el bebé tenga alguna dificultad de succión o la madre no produzca leche suficiente.

Por tanto, podemos afirmar y estar muy seguras de que nuestra leche tiene la calidad necesaria para alimentar al bebé. Y si se presentan dificultades es mejor buscar las causas lo antes posible y no caer en el mito de que la culpa es de la leche.

 


 

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