Lactancia en familia

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Me llamo Elena y tengo 35 años.

Me he decidido a compartir mi experiencia en la lactancia, dos experiencias de hecho, ambas de éxito para mí ahora que he comprendido algunas cosas de esto de dar teta.

En 2013 nació Lea, mi garbancita de ojos enormes, el parto y mi recuperación fueron estupendamente, pero ella parecía “pasar” de la teta, dormía mucho y no cogía peso y tras varios días de muchos lloros y un tremendo desbarate emocional terminamos en neonatos viendo como la engordaban con bibes. Allí sufrí mucho, escuché “consejos” que me iban haciendo cada vez más chiquitita, tuve mi primer contacto con un sacaleches, nunca nos hemos llevado bien, y salí con una bebé más gordita pero mis ánimos a ras de suelo. Aún así no desistí, a pesar de tener un pediatra que me regalaba fórmula y me impuso tomas de no más de 10 minutos por pecho, a pesar de una obsesión por el peso que controlaba mi vida y de unos pechos que dolían cada vez que mi bebé mamaba. Conseguimos 6 meses de lactancia mixta hasta que Lea, al comenzar la escuela infantil, comenzó a rechazar las tomas. Ella era feliz, seguramente una bebé feliz en una crisis, pero esa y otras tantas cosas yo las ignoraba porque no fui a hablar con ninguna asesora, sólo hice caso a los profesionales y sobreviví lo mejor que pude.

Me considero una mujer fuerte pero sé que en ese momento era vulnerable como la que más y cada cosa que me decían me afectaba y me impedía rehacerme. Lea se ponía hasta arriba de fórmula, tras casi cada toma echaba algo y se quedaba un rato largo reposando, ahora lo comprendo, ¡pobre bolita!. ¿Percentiles? De altura casi 100 y de peso 50, no era una bebé gordita pero tenía el aprobado del pediatra.

En 2016 ha nacido Gabriel, mi pequeño gurriato de enorme sonrisa, otro parto estupendo, él nunca ha pasado de la teta pero a los días de nacer no recuperaba peso y también dormía lo que quería. En el hospital yo notaba que algo no iba bien cuando mamaba y lo dije, pero en el hospital en ocasiones da igual lo que sepas y sientas, eres primeriza a los ojos de muchos. Nos mandaron a casa pero al cabo de unos días volvíamos a estar en el hospital, y por la experiencia anterior mi marido y yo decidimos empezar a darle fórmula, en esa ocasión sí sentí apoyo por parte de una pediatra y un enfermero que me dijeron que el agarre parecía bueno y que esperase, que estaba bien hidratado… pero el miedo a un ingreso en neonatos fue más fuerte y fuimos a la farmacia. Recuperó peso y eso me calmó. En una visita a la matrona tuve la suerte de dar con una matrona prolactancia que sustituía a la mía. Me preguntó y escuchó e incluso me pidió permiso para tocar mis pechos, al decirle que sentía dolor como pinchazos y que mi bebé perdió peso al nacer me dijo que podía sufrir mastitis subclínica y me recomendó probióticos e ir a un grupo de lactancia. En el grupo aprendí mucho, a calmar las grietas con aceite de oliva, que las tomas pueden ser eternas… y me dieron el contacto de un Profesor de la Universidad Complutense de Madrid que investigaba la mastitis. Juan Miguel Rodríguez nos resolvió muchas dudas a mi marido y a mí, fue todo un regalo en ese momento. Hizo un cultivo de mi leche y constató la mastitis, hice un tratamiento y todo comenzó a mejorar, ¡cogí fuerzas!. La mastitis subclínica es dificil de detectar, la causa de la mia pudo ser entre otras que durante el embarazo tomé antibióticos. En el de Lea además de antibióticos me recetaron tomar hierro que también favorece la aparición de mastitis. Eso sin contar con que había estado haciendo todo al revés, poniendo calor en mis pechos, usando cremas para las grietas… Las fuerzas me sirvieron para decidir dejar de darle fórmula, fueron meses duros, Gabriel todo el día estaba en mi pecho, podéis imaginar los comentarios, además lloraba casi siempre, pero iba cogiendo peso poco a poco.

Por otra parte oí también hablar del frenillo, y eso me recordó mi sensación de que no se cogía bien, en un grupo de asesoras de Alba Lactancia en facebook me dijeron que parecía tener frenillo submucoso tipo 3, a este grupo debo en gran parte mi lactancia, siempre estaré agradecida. A través del pediatra fui al hospital y una especialista me dijo que tenía frenillo pero intervenir en ese momento no garantizaba grandes cambios, ella no vio mal la evolución de peso del bebé ni a Gabriel que no dejaba de reir y me dijo que al crecer su lengua crecería y probablemente le facilitaría el mamar, también me dijo que no todos los bebés cogen peso de la misma manera. Gabriel hacía lo que podía, a pesar de que la mastitis hizo que sus tomas fuesen durante mucho tiempo dificultosas y eternas, a pesar de que su frenillo le hacía realizar un esfuerzo extra… pero su aumento no era “suficiente” para su enfermera quien a los 4 meses nos dijo que bibe y cereales, no lo quisimos hacer y así se lo comunicamos a su pediatra y hasta los seis meses tuvo LME. Ahora come teta y su alimentación complementaria, sigue teniendo berrinches aunque acabe de comer, sigue queriendo teta en todo momento y rie sin parar en el tiempo que le queda libre.

El inicio fue difícil para todos, yo estaba pero no estaba, Lea me echaba de menos pero lo hacía genial, siempre con mimos preparados y Bruno tuvo fuerza y amor para mi siempre, sufrió lo suyo también porque Gabriel no aguantaba en sus brazos más de tres segundos sin lanzar sus gritos heavys.

Me dejo muchas cosas, pero en resumen, Lea es una niña sana y fuerte que me da leche imaginaria para rellenar mis pechos cuando come su hermano. Gabriel es feliz, largo y su percentil de peso no es 50 pero está sano y fuerte. Yo estoy tranquila conmigo misma y ya no me enfado recordando lo mal que nos aconsejaron en su día. Recomiendo a las mamis y papis que vayan a grupos de lactancia, que no teman preguntar ni explicar su experiencia y les mando mucho amor y fuerza. Tenemos que creer en nuestros bebés y en nosotras y no olvidar que nuestras decisiones, tomadas desde el amor a nuestros peques, serán las adecuadas siempre. ¡Gracias!


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1 respuesta

  1. Sara dice:

    Buenos días!
    Lo primero de todo, enhorabuena por tener unos hijos maravillosos, sanos y felices. Por estar tranquila y por haber aprendido tanto en todo este viaje. Siéntete orgullosa de todo lo que has dado.

    Y ahora…Pero que experiencias leo respecto a la lactancia…me llevo las manos a la cabeza!! Cuando todo debería ser más sencillo…esperar, conocerse, dejar seguir tu instinto como madre…y a la primera de cambio….”lo Mejor será que empieces con la leche de fórmula”… En fin…

    Me siento muy afortunada de todos los consejos que me dieron. En el hospital estuvieron muy pendiente de mí y de mi bebé. Fue difícil al principio, unos días, pero pasó. Y me animaron a seguir. A que no lo dejara. Mi matrona hizo lo mismo días después. Y entre esto, que Simón comía muchisimo y que yo lo tenía muy claro….pues aquí seguimos! Con un bebe de casi 11 meses ya y al que aún le doy teta. Si os soy sincera, no pensé que llegaríamos hasta aquí. Pero los dos estamos a gusto. Tranquilos. Y ahora que Simon ya come casi de todo, estoy más relajada. Quizás sea el momento en el que estoy disfrutando más de ella.

    Desde aquí quiero decir que todas las madres debemos estar orgullosas de nuestras decisiones. Que es difícil ser madre. Querer siempre lo mejor para nuestros hijos. No debemos castigarnos pensando si lo que hicimos estuvo mal o lo podríamos haber hecho mejor . Estamos aprendiendo. Eso es lo importante.

    Y me da pena ver cómo en muchos hospitales de España no se escucha a las mujeres. A las mamás, de cómo quieren que sean sus partos, la alimentación de sus hijos…no se detienen a escucharte. A animarte. ¿Por qué?

    Feliz jueves a tod@s! 🤗

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