La soledad de las madres, por Raquel Oviedo

Anoche, cuando me metí en la cama, pensé que tenía que escribir sobre esto. Sobre esa sensación tan nuestra, incomprensible para los demás. La soledad de las madres.

Reconozco que llevo unos días sintiéndome sola, y no es la primera vez. Supongo que suele coincidir con periodos en los que la crianza se complica. Momentos en los que mi energía y la de Pajarin son opuestas, y su intensidad y necesidades me sobrepasan.

Este es uno de esos momentos. En un par de meses cumplirá dos años, y la autoafirmación y las mal denominadas “rabietas” (que realmente son enfados igual que los que tenemos los adultos, pero experimentados por personas en desarrollo que no entienden ni controlan sus emociones), han llegado a nuestras vidas.

Y esos días en los que repaso la jornada y siento que “no he hecho nada”, pero me encuentro agotada, sobrepasada emocionalmente y con ganas de escapar,… entonces aparece. La soledad de las madres.

Ser madre no es lo mismo que ser padre. Y aunque ejerzan su papel con la mayor implicación posible; con contacto, respeto y amor; nunca, nunca será lo mismo.

Esa conexión madre-hijx es única. Desde el embarazo hasta los dos primeros años de nuestro bebé, la fusión emocional entre madre-bebé hace que éste último sea un reflejo de mamá. Si mamá está tensa, cansada, triste, enfadada, el bebé empatizará con ese mismo estado. Y si vamos más allá, tal y como afirma Laura Gutman en su libro “La maternidad y el encuentro con la propia sombra” : “El bebé siente como propio todo lo que sentimos las mamás, sobre todo lo que no podemos reconocer, lo que no reside en nuestra conciencia, lo que hemos relegado a la sombra”.

Es probable que te haya pasado alguna vez: tu hijx justo tiene un comportamiento que te pone más nerviosa de lo normal, que te genera una inquietud que no comprendes, que te remueve por dentro. Es la sombra; esos aspectos de nuestra personalidad, de nuestra infancia o nuestro presente, que mantenemos ocultos, de los que deberíamos tomar conciencia para trabajarlos.

Yo diría que esa fusión es algo que perdura el resto de nuestra vida. Y al ser una conexión madre-hijx, es algo que todo aquel que no pertenezca a esta diada, es incapaz de comprender.

Oír a tu bebé llorar y sentir que se te hace un nudo en el estómago (incluso aunque esté su padre atendiéndole), notar como te agotas mental y emocionalmente al escuchar como tu hijx se enfada y grita, sentir que se te acelera el corazón cuando le escuchas llamar a su padre veinte veces sin que éste conteste (porque no se ha enterado…).

Y son esos días, en los que multitud de sensaciones relacionadas directamente con tu hijx te han agotado, en los que solo deseas despejarte un rato, tener una conversación con otro adulto,… Esos días en los que te sientes totalmente incomprendida. Entonces aparece. La soledad de las madres.

Porque estar sola no tiene que ver con que tu pareja asuma la misma carga de tareas domésticas que tú (en el mejor de los casos), o que cuando llegue de trabajar se ocupe del niño para que trates de “desconectar” (algo imposible cuando sigues escuchándole de fondo y esa fusión emocional te impide “desenchufarte”). Ni siquiera que los abuelos se ocupen a ratos del niño para que descanses, o que vaya al cole o a la escuela y tú puedas trabajar o dedicarte a aquello que puedas/quieras.

La soledad de las madres es la incomprensión.

Incomprensión de la sociedad, que no da la importancia que tiene a la crianza, cuidado y educación de los adultos del mañana.

Incomprensión de las empresas, que tachan tu baja y excedencia (si decides pedirla), de unas vacaciones y de “tener mucho morro”.

Incomprensión del entorno cercano, que comparan sus circunstancias diarias (trabajo o quehaceres varios) con las tuyas, y te dicen aquello de que “ellos/ellas también están cansados” y se van a dormir obviando ese ratito entre adultos que tanto necesitabas.

Incomprensión propia. ¿Quién soy? ¿Quién era antes de ser madre? ¿En quién me he convertido? ¿Qué va a ser de mi vida? ¿Qué hago con todas las horas que tiene el día? ¿Por qué estoy tan agotada?

Criar hijos es muy difícil, es desgarrador, es insoportable. Las madres estamos inundadas de consejos y opiniones, y sin embargo, dolorosamente solas y aisladas. (Laura Gutman-La maternidad y el encuentro con la propia sombra)

 

Ser madre, amar como madre, es agotador, consume nuestra energía, nos llena de luz y de oscuridad a la vez.


Y es único; tanto, como la soledad de las madres.

Raquel Oviedo, “Mamá Hipogalactika”

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Soy Raquel, inconformista, soñadora y una versión mejorada de mi misma desde que me convertí en madre.

Mis problemas con la lactancia y un postparto complicado me llevaron a crear un blog y un perfil en redes sociales donde compartir mis vivencias y acompañar y sentirme acompañada por otras madres en el camino de la maternidad y la crianza.

Actualmente estoy en pleno proceso de formación para encauzar mi vida profesional hacia aquello que me apasiona: el acompañamiento a familias en temas como lactancia, porteo y sueño entre otros.

Pajarin (mi hijo) es mi gran maestro y el principal culpable de mi “gran revolución”. Una nueva forma de mirar el mundo, vivir la intensidad del hoy que no vuelve, bajar el ritmo, y ante todo, disfrutar.


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2 Respuestas

  1. Ana dice:

    Una vez te lo dije pero vuelvo a decírtelo y creo que no me cansaré de decirlo: gracias por escribir como lo haces, me siento tan identificada contigo como también me haces ver luz en el túnel oscuro en el que a veces me siento en mi maternidad. Gracias gracias y millones de gracias por escribir porque me haces ver que no soy la única 😘 Ahora estoy en la fase de los dos años y es auténticamente agotador y sorpréndete

    • LactApp lactancia dice:

      Hola:
      Puedes poner la bebé al pecho para que vaya succionando, a la vez que con el sacaleches estimulas la producción de leche para normalizarla. Toda la leche que saques se la puedes ir ofreciendo al bebé.
      A medida que se vaya animando a mamar y vayas consiguiendo más leche puedes empezar la relactació.

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