“La lactancia es algo natural pero no sencillo” – La experiencia de Padma

Soy médico y, como tal, sé tanto de lactancia como cualquier otra persona en el mundo. Yo siempre había imaginado la lactancia como algo normal y natural que surge sin esfuerzo. Lo máximo que había oído en negativo eran cosas como “no tenía leche” o “mi leche no alimentaba suficiente” y siempre había pensado que, salvo en contadas ocasiones, debía ser culpa de los médicos antiguos que tenían la manía de dar leche de fórmula. Por suerte, cuando estaba embarazada, un paciente me recomendó “Un regalo para toda la vida” de Carlos González. En ese libro descubrí que la lactancia es algo natural pero no sencillo, entendí la importancia de prepararse y sobretodo me quedé con que el dolor es una señal de alarma.

El primer pezón que probó mi hijo fue el de su padre. Pese a querer un parto natural acabé con una NEcesárea urgente y el peque hizo el piel con piel con mi pareja. Después de comprobar que de la teta de su papi no iba a sacar nada, rápidamente se enganchó a la mía.

Mientras esperábamos para subir a planta una comadrona nos preguntó si se había enganchado bien o necesitábamos ayuda. Con mi prepotente inexperiencia pero viendo que mi hijo estaba succionando felizmente dije que no necesitábamos nada, que muchas gracias. Después pasamos 4 días en el hospital durante los cuales nadie se preocupó ni preguntó por la lactancia. Y nos fuimos a casa con miedo, como todos los padres novatos, pero contentos del éxito con la teta.

 

Cuando mi peque tenía una semana empezaron los problemas. Las malditas grietas. Me sangraban los pezones y cada vez que mi hijo se enganchaba parecía que me clavaba los dientes que no tenía. Recuerdo una noche llorando desesperada e intentando no gritar de dolor pensando que no podría dar de mamar a mi hijo, pensando que no era justo, que ya me habían arrebatado el parto perfecto y no quería que me arrebataran (no sé quién) la lactancia. Gracias al libro del doctor Carlos González supe que algo andaba mal e imaginé que había un problema de agarre. ¿Pero cómo lo solucionaba? No me veía capaz de ir a los grupos de lactancia del ambulatorio, salir de casa era demasiado complicado para mí. Tenía una amiga con problemas parecidos que los había resuelto con una pezonera, así que lo probé y funcionó. En una semana las grietas se habían curado.

 

Pero entonces el problema era que mi hijo no ganaba suficiente peso. No sé si me enfadé más con la enfermera, que me trató de tonta por usar pezonera y me enseño mal y con peores modales como se tenía que dar el pecho, o con la pediatra que, sin siquiera mirar como succionaba mi peque, me dijo que volviera en 2 días y que si seguía igual le daríamos suplemento. No volví.

 

Conseguí que viniera una doula a casa, ¡por fin alguien se desplazaba porqué para mí era un suplicio! Después de valorar la toma y probar algunos truquillos me dijo que creía que mi hijo tenía el frenillo corto. ¿Qué? Ni siquiera recuerdo haber leído sobre ello en el famoso libro (y la verdad es que no he comprobado si sale aunque supongo que sí).

 

Así que fuimos a un pediatra especializado en lactancia y en cortar frenillos linguales. Y en efecto, sí, mi hijo tenía el frenillo lingual corto lo que hacía que no pudiera sacar suficientemente la lengua y no podía colocar bien el pezón en su boca, de modo que agarraba solo la punta y la machacaba con sus encías. Después de valorarlo tomamos la dificilísima decisión de cortarle el frenillo. Yo, la médico, fui incapaz de estar allí dentro y ver cómo le hacían esa barbaridad a mi bebé, sufría como una condenada y no podía contener las lágrimas. Pero es la mejor decisión que pudimos tomar. Fueron unos momentos terribles pero en una semana nuestro hijo ganó más de 300 gramos y dejó de quejarse todo el día. Yo pensaba que era un niño que necesitaba movimiento porque solo se calmaba con la distracción, y resulta que el pobre estaba pasando hambre… al cabo de un mes pudimos sacar la pezonera y hasta hoy que tiene 13 meses seguimos con la teta a demanda día y noche con sus altibajos poco importantes y con la satisfacción de haberlo conseguido disfrutando de todas y cada una de las tomas incluso cuando solo busca cariño y excepto las noches horribles de “toda la maldita noche enganchado medio mordiendo la teta no sé por qué” pero aun así sabiendo que por algo será y tomándolo con paciencia y mucho amor.

 

Ahora sé que dar el pecho es un regalo y una suerte pero también un esfuerzo y un sacrificio que cada mujer que amamanta tiene que hacer. Así que muchas felicidades a todas las mamás que lo han conseguido y mucha suerte a las que lo quieren conseguir. Pero también muchos ánimos a las que no pueden o no han podido. Y todo mi respeto a las que han decidido no hacerlo, por el motivo que sea, porque la lactancia, si no se disfruta, no merece la pena.

Padma.

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