Día del Niño Hospitalizado – ¿Y la lactancia?

Hace unos años a los bebés se les hacía todo tipo de manipulaciones, a veces dolorosas, sin ningún tipo de analgesia ya que se pensaba que aún no tenían el sistema nervioso central desarrollado y, por tanto, no sentían dolor. Debemos acabar de eliminar el mito de que el niño no siente dolor como el adulto porque actualmente sabemos que los pre-requisitos anatómicos, fisiológicos y bioquímicos relacionados con el dolor aparecen desde la semana 24 de gestación, y la secreción endocrina de cortisol y catecolaminas (hormonas del estrés), que determinan los signos objetivables del dolor, son iguales en los bebés que en los adultos.

Algunos profesionales sanitarios insisten en no permitir que los padres estén presentes en cualquier procedimiento, bajo la excusa de que los padres ponemos nerviosos al niños, que ellos así lo hacen más rápido o incluso lo hacen de manera rutinaria sin plantearse la razón. Un adulto puede estar solo cuando le realizan una placa de tórax, en un análisis de orina o de sangre, en una exploración… ¿pero qué pasa cuando el enfermo es un niño?

La Carta Europea de los Niños Hospitalizados garantiza que el niño reciba la mejor atención sanitaria. En el enlace puede ver el texto completo, aquí expongo los puntos que nos ocupan:

  • Derecho estar acompañado de sus padres o de la persona que los sustituya.

  • Derecho a no recibir tratamientos médicos inútiles ya no soportar sufrimientos físicos y morales que puedan evitarse.

  • Derecho a ser tratado con tacto, educación y comprensión y con respeto por su intimidad.

  • Derecho a recibir, durante su permanencia en el hospital, los cuidados a través de un personal cualificado que conozca perfectamente las necesidades de cada grupo de edad tanto en el plano físico como en el afectivo.

Y todo esto se traduce en estar con los padres y que se permita amamantar en el momento que se aplicarán intervenciones molestas o dolorosas a los más pequeños, para poder recuperarse del susto y del dolor. Y, por otro lado, se sabe que la lactancia materna puede ayudar a atenuar estas situaciones dolorosas o estresantes.

La lactancia materna tiene propiedades analgésicas. Si un niño está enfermo, irritado o asustado, el pecho es su consuelo. Quizás porque la leche materna contiene, entre otros, muchos elementos beneficiosos sustancias tipo endorfinas, de efecto calmante. Los beneficios que se obtienen al dejar mamar a los niños son indiscutibles. Resulta una opción eficaz aplicable fácilmente en cualquier lugar y circunstancia. Sería interesante protocolizar y ponerlo en práctica, aunque nos tengamos que enfrentar a reticencias por parte de algunos profesionales. Es una medida económica, ecológica, no tiene ningún efecto adverso para los niños y sus beneficios están demostrados a todos los niveles, tanto desde el punto de vista físico como emocional, tanto para el niño como para la madre.

Y también si es necesario ingresar el niño sería importante ofrecer confort a la madre para que pueda seguir amamantando incluso por las noches. En las unidades pediátricas hay muchas cunas o no se permite a la madre meterse en la cama con la criatura.

Los cambios en este sentido siempre son más lentos de lo que nos gustaría, pero es cierto que cada vez más hospitales son conscientes de la importancia del vínculo madre-bebé y de la necesidad de que estén juntos todo el tiempo y poco a poco se va facilitando este acompañamiento de los padres y el ingreso conjunto.

 

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