Del embarazo al destete: la lactancia de Martí, por Vanessa Rodríguez

Durante el embarazo de Martí mucha gente me preguntaba si daría el pecho al niño y mi respuesta siempre era la misma: “Sí, si no hay problemas me gustaría”.

Había oído y leído tantas historias que no sabía si sería capaz o si tendríamos cualquier problema. Por suerte, en casa había visto como mi madre amamantaba a mis hermanos y, aunque fue con aquellas absurdas “normas” que ponía la época sobre horarios y tiempo de lactancia, era bonito verlo como algo natural. Además, mis padres siempre me han dicho que era lo mejor que le podía dar a un hijo.

Leí mucho sobre el tema y buscaba información con cualquier duda que tenía. También había localizado el grupo de lactancia del barrio porque si había problemas sabía que las asesoras eran las más preparadas en este tema.

Cuando nació, Martí se enganchó al pecho en la misma sala de partos y fue una sensación maravillosa. Mi hijo, aquel pequeñito que me miraba con aquellos grandes ojos negros estaba mamando de mi pecho, ¡uau!

Nació de madrugada y aquella primera noche la pasó totalmente pegado a la teta, cuando soltaba una y quería la otra, giraba por encima de mí y así fue nuestra presentación. Él mamando y yo admirando aquella personita que no podía dejar de mirar.

Los primeros días me molestaba un poco cuando se cogía, pero enseguida aquella molestia fue bajando hasta desaparecer. Lo consideré como algo normal del principio de la lactancia.

Veía como comía aquel calostro que había leído que era lo mejor que podía tomar un bebé durante las primeras horas / días de vida. Tenía los pechos que me reventaban, no os diré cuantas tallas habían subido, pero eso era brutal. El tercer día, al llegar a casa tuve la subida de la leche y ya se veía que salía blanquita, ¡qué cambio! Es curioso cómo el cuerpo va haciendo su trabajo.

Martí continuó mamando demanda y yo tuve que oír comentarios de todos colores, e historias para no dormir. Pero lo tenía claro, aunque reconozco que hubo momentos en los que dudaba, todo era nuevo para los dos, ¿y si yo no estaba haciendo lo correcto?

Pero mi niño quería pecho, quería estar todo el día conmigo, tomaba seguido, se dormía en el pecho, me usaba “de chupete”.

Uf, es bonito, pero es cansado cuando no sabes a lo que te enfrentas. Cuando no te haces una idea de lo que es a demanda, es esto, a demanda… pero lo hicimos, y continuamos a nuestro ritmo.

Todo, y cuando digo todo, es todo, pasó a un segundo plano y siempre lo primero para mi, era la demanda de mi hijo.

De repente llegaron las crisis de crecimiento y la pregunta del siglo:

¿Le alimentará mi leche? ¿¿¿¿Bastará?!?!?! Madre mía, qué dilema…

Y la información que tiene la sociedad en general no es muy fiable, suerte que si quieres encontrar, encuentras lo que necesites.

Gracias internet, libros, foros, blogs y personas que escribís sobre lactancia, ¡¡me ayudó mucho!!

A partir de los 6 meses, la gente empezó a preguntarme si aún tomaba pecho.

¡¿Que si tomaba?! Era su alimento principal y fuimos introduciendo alimentos en trocitos paulatinamente, pero esto ya era otro tema.

Hacia los 9 meses me presenté al grupo de lactancia del barrio, porque realmente me sentía un poco bicho raro para aún amamantar a mi hijo…¡Pero si era un bebé! Aún no me explico donde veían el problema.

Nunca me había planteado hasta cuando amamantar, porque si no tenía claro si podía, imaginaros pensar hasta cuándo. Pensaba que llegaría el momento en el que daría un biberón, y no, no ese momento no llegó.

De repente un niño que caminaba y charlaba pedía “Teti” (como nosotros le decimos) “Oooooh, que hace este niño tan grande” “Madre mía, ¡¡¡ AÚN MAMA !!!”

Además sus tomas continuaban a demanda y se pasaba el día pidiendo “teti”. Y mamá bien tranquila que le daba

Cuando llegó a los dos años seguimos disfrutando mucho de los momentos de Teti y yo empecé a pensar que no se destetaría nunca. Por suerte, cada vez conozco más niños que maman con esta edad y más, y es bien normal.

Durante todo este tiempo seguí leyendo y buscando información, pero reconozco que la experiencia es lo que más me enseñó. Martí con su instinto es lo que me fue guiando durante todo el camino.

La OMS recomienda la LME (lactancia materna exclusiva) hasta los 6 meses y la LM (lactancia materna) como mínimo hasta los 2 años. Así que no me explico por qué cuesta tanto ver un niño de más de uno o dos años en el pecho.

He sufrido dos mastitis y se pasa mal, tienes síntomas como de gripe, fiebre, estás cansada, pero lo mejor es que el niño continúe mamando menudo para sacar más leche. Fueron momentos duros, pero como siempre la información me salvó, porque a veces los médicos no están del todo informados en lactancia:

El médico de cabecera que me visitó la primera vez me dio antibiótico y me dijo que si me hacía mucho daño que no le diera el pecho donde tenía la mastitis, y resulta que es todo lo contrario, el bebé debe seguir mamando precisamente de ese pecho.

Cuando me quedé embarazada del hermanito me empezaron a doler los pezones cuando mamaba y no tenía claro si quería continuar con la lactancia, que por otro lado había ido tan bien hasta ahora… Tampoco tenía claro si quería hacer tándem (dar de mamar a dos hijos a la vez). El dolor era muy similar a los primeros días después de nacer, se ve que es por las hormonas.

Iban pasando los días y yo ya no disfrutaba tanto de la lactancia, intentaba evitar el momento, él me pedía, yo le contaba que me dolía, que tuviera cuidado. Él antes de mamar me preguntaba, sabía perfectamente que un pecho me dolía más que el otro y tenía cuidado. Pobrecito, lo hacía bien, pero me molestaba igual…

Una noche le dije que la Teti dormiría y hasta que saliera el sol no podría tomar, que quería descansar porque tenía pupa. Él me dijo que sí y durmió conforme. Se despertó de madrugada y como siempre pidió; “Mama, Teti”. Le volvió a explicar que la Teti dormía todavía era de noche … empezó a llorar y dijo; “Mama, un poquito de Teti porfavor !!!” Yo me quería morir, qué hacía?!?!?!?! Pues accedí, lo intenté hacer fácil, le dije que un poquito y tomó un rato. Daba vueltas en la cabeza y pensaba que tomaría Teti toda la vida. Había leído que la mayoría de niños se destetan durante el embarazo, pero no parecía que fuera el camino del Martí.

Aunque sí que había notado que pedía menos, que la producción había bajado y había cambiado el sabor de la leche, y que no le gustaba tanto como antes.

Hablando con una buena amiga que también estaba en época de destete, me dio una idea: Si no tenía claro qué hacer, podía poner una fecha límite para ver cómo evolucionaba él y si no pues ya decidir si destetar o no.

Pues la fecha límite de las 25 semanas llegó y a partir de ese día continuamos con la lactancia y, a pesar de las molestias, continuamos disfrutando. Poco a poco y de manera natural todo fue cambiando, comenzó a pedir agua cuando se despertaba por la noche, también hay que decir que yo le ofrecía primero, y a veces quería Teti y otras agua, pero poco bajó la demanda. Poco a poco también empezó a dormir sin pecho, solo quería que la cojiera de la mano y así era como nos dormíamos.

Al cabo de unas dos semanas de esto estuvo toda la semana sin mamar.

Yo estaba muy contenta porque estaba teniendo un destete muy progresivo y natural, pero por otro lado se hacía mayor y los sentimientos lo removían todo… y así, sin demasiados altibajos más, de manera natural, se destetó antes de que Mario asomara su cabeza.

¡¡¡Martí muchas gracias por enseñarme tanto, y Carlos muchas gracias por apoyarnos durante todo este tiempo !!!

Vane


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