De teta a teta, y tiro porque me toca

LactApp-lactancia-juego-de-la-ocaCuando amamantas a un bebé pequeño, tú eres la madre y tú mandas. Puede parecer radical dicho así; lo que quiero decir es que eres tú, la madre, la que valora qué pecho darle cada vez. Con solo tocarnos un poco el pecho, decidimos cuál es el que “toca”. El bebé se tiene que aguantar y tiene poco que decir en cuanto a escoger teta. Si pones al bebé al pecho derecho, pues en el derecho que se queda; y si lo pones en el izquierdo, pues ahí se queda también. Y si son 5 minutos, pues 5 minutos. En esta época de su vida, los bebés no tienen voz ni voto en decidir de qué pecho quieren mamar y, a veces, ni siquiera pueden decidir cuánto rato lo quieren hacer. De hecho, por esta razón muchas veces la lactancia no acaba de funcionar, porque no son ellos los que deciden y las limitaciones (sí, todavía hay quién insiste en mantener en el mito de que hay que limitar el tiempo al pecho) llevan a desastres en cadena: poca leche → poca ganancia de peso → introducción de suplementos → fracaso de la lactancia.

Cuando eres tú la que quiere que vacíen el pecho sí o sí, los que tienen más carácter se enfadan un poco (a veces mucho, y se puede confundir con un rechazo del pecho) y protestan, entonces las madres cambiamos al bebé de pecho y acertamos. Pero en pocos meses ellos adquieren la capacidad de decidir de qué pecho quieren mamar y la cosa cambia cuando, además, perfeccionan la capacidad de desplazarse por sí mismos. Y aquí comienza el jaleo, en especial ¡durante las horas nocturnas! Yo misma, a veces, me sentía como un tablero gigante de la Oca con un jugador dispuesto a jugar sin cubilete ni dados.

Tocaba dormir, el bebé estaba rendido, reventado, agotado… y yo, evidentemente, también –para qué negarlo– y me echaba en la cama con la esperanza de que se sobara rápido. Si es que saltaba a la vista que estaba K.O., así que tenía toda la pinta de que caería redonda… ¿o no?

En esta época, ciertamente a ellos esto de dormir les importa un rábano. La vida es corta y tienen que hacer muchas cosas antes de dormirse. “No puede ser esto de dormir tantas horas” – piensan ellos, mientras tú rezas para que se duerma rápido y te deje cenar y, lo que es más importante, que duerma unas horas seguidas, ya sabes que serán pocas (2 o 3) tampoco nos hacemos ilusiones.

Yo preparaba el espacio en plan spa relax deluxe: poca luz, sin ruidos estridentes, música en directo de fondo (o sea, yo cantando flojito todas las canciones tradicionales que podía recordar)… ¡Vamos, un espacio de relax, que ni en los mejores spas! Y lo colocaba al pecho y hasta respiraba profunda y rítmicamente para transmitirle esta calma y buen rollo… Pensaba: “Si hago ver que me duermo, seguro que se duerme”, ¡inocente de mí! Y yo allí, tumbada haciendo ver que dormía… ¡Qué panorama!

Y cuando parecía que se estaba durmiendo a base de teta-relax… de golpe, se activaba y, lo que era peor, parecía que no tenía fin. Comenzaba a succionar de un pecho con ganas, incluso a veces lo agarraba con las manos y todo, y hasta parecía que lo quisiera ordeñarlo y entonces me saltaba por encima y se plantaba en el otro pecho, y vuelta a empezar. Y de uno al otro y otra vez. Las posturas no salían en ningún manual de lactancia. Era como jugar a la Oca-Twister, y cada vez la postura se volvía más complicada, y cada vez más rápido… aceleración total. Y yo cada vez más plana, de hecho intuía que me salían círculos de colorines como en el Twister y esperaba pacientemente como buen tablero de juego a que por fin acabara la partida: de teta en teta y tiro porque me toca.

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