DE LA MESA A LA TETA

Nacemos con una predisposición biológica de preferencia hacia lo dulce y evitamos aquello que nos proporciona un sabor amargo. Ciertas hipótesis plantean que esto es así por mera supervivencia, pues de esta forma preferimos alimentos con mayor densidad energética.

Pero actualmente basar nuestra alimentación en este “instinto de supervivencia” con el tipo de alimentos que tenemos a mano, es poco adecuado.

El sabor de los alimentos en la leche de mamá

Cada vez son más los estudios que sugieren que desde antes del nacimiento de nuestro hijo, se nos brindan muchas oportunidades para que aprendan a disfrutar de aquellos sabores que nos aportan los alimentos saludables.

Se sabe que los sabores se transmiten desde la dieta materna al líquido amniótico y posteriormente, a la leche. Es decir, que durante este período además de tener la ocasión de disfrutar de todos los beneficios que aporta llevar una alimentación saludable, podemos ofrecer a nuestro bebé un “menú degustación” que ni en el mejor restaurante Gourmet.

Vale, perfecto, pero entonces debo evitar algunos alimentos porque su sabor no le gustará…

Esta frase (y adelanto, mito) se nos ha transmitido generación tras generación. Y aquí las mayores damnificadas son nuestras amigas las crucíferas (coles, brócoli o coliflor). En cuanto a sabor se refiere no hay motivo para desterrarlas de nuestra dieta habitual. En primer lugar, porque se trata de hortalizas, un grupo de alimentos que conviene tener muy presente en nuestra alimentación. Por otro lado, contienen sustancias como los glucosinolatos con beneficios para nuestra salud y, además, aportan vitaminas y minerales como el calcio. ¡Sí, sí! El calcio de origen vegetal también cuenta y ya sabemos que el quedarnos sin calcio es un tema que preocupa muchísimo a nuestro entorno cuando damos lactancia materna… Ea, pues ya tenemos una solución.

Una ventana de oportunidades

La composición de la leche materna varía no solo nutricionalmente adaptándose a las necesidades de nuestro pequeño, sino que éste también puede tener nuevas sensaciones y experimentar a través de los diferentes sabores, sin necesidad de que se produzca el destete. Todo ello ayudará a que se formen sus preferencias alimentarias. Y con esto no me refiero a que nuestro bebé se nos despegará de la teta y con aires de Chef nos pedirá a la carta a qué quiere que sepa su próxima toma.

Se trata más bien, de aprovechar el período de ventana crítica de los dos primeros años de vida. Estos sabores que nuestro pequeño prueba le permiten experimentar y conformar, como decía, sus preferencias posteriores, a aceptar los alimentos sólidos y a conocer la cultura gastronómica con la que va a crecer.

Por tanto, aunque todos los bebés comienzan este aprendizaje en el útero materno, solo aquellos que son amamantados reciben un refuerzo adicional y el aprendizaje del sabor que proporcionan la exposición continua a un amplio abanico de sabores durante la lactancia.

He aquí una razón más para que en casa brillen por su ausencia la presencia de determinados alimentos o productos (procesados y ultraprocesados, azúcares, grasas no saludables…) y no nos dé precisamente miedo el consumir alimentos de origen vegetal. Pues su sabor no hará que el bebé rechace la leche materna, sino más bien, que acepte cuanto antes este tipo de alimentos tan importantes para su salud y la nuestra.

Iria Quintáns

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Ser madre me ha dado otra perspectiva de la vida. Ha sido como volver a nacer, como volver a aprenderlo todo. Pero en familia. Soy Iria Quintáns, Dietista-­‐Nutricionista, emprendedora y apasionada de todo lo que hago.


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